Asisten: Fernando, Juan Miguel, Pedro, Ángel, Antonio de
Dios, Paco y José Manuel.
Ruta: Pirulí, Muñovela, Valmuza Golf Resort, Gueribañez,
Ermita del Cueto, Finca El Tejado, Ermita de San Silvestre, El Rodillo,
Salamanca.
Comentarios: “Mañana de niebla, tarde de paseo”. Así reza el
<<dicho>> que hoy no se cumplió. Tras los necesarios “pliegues”
ante la nueva cabra de Pedro que lucía hermosa y deslumbrante para el grupo,
comenzamos la jornada. Amaneció con niebla que despejó pronto, antes de llegar
al cruce con nuestro viejo amigo “El Pirulí”, que fue visitado por un par de
desaprensivos valientes. Tras el calentón, descenso majestuoso por la carretera
de Matilla hasta “La Valmuza Golf Resort” donde nos esperaba el resto del
séquito.
Desvío a la izquierda para abandonar el asfalto y comenzar a
esquivar charcos y barro el resto de la jornada. ¡Maravilla de caminos! Paco y
un servidor aceleramos un poco el ritmo cuando el camino se empina. Pedro,
Ángel y Antonio nos siguen sin problemas, pero sin darnos cuenta dejamos
rezagados a Fernando y Juanmi. En el alto, cuando decidimos esperar, fuimos
severamente reprimidos por Fernando, que amenazó incluso con sacar y enseñarnos
“Sus Propias Conclusiones”, tras alegar que viajaba con un fuerte dolor de
garganta.
Tras las fotos de rigor se reanuda la marcha, saludamos brévemente
a la carretera de Vecinos para enseguida girar a la derecha comandados, ahora
sí, por “El Router”. Por un momento llegué a pensar que finalmente las sacaría
y nos las enseñaría (sus Conclusiones), pues atravesando charcos, cardos y
selva nos llevaba a toda máquina hacia la ermita. Finalmente decidió guardarlas
por hoy y me dejó comandar de nuevo la marcha como “portero mayor” en las inmediaciones de la ermita.
Aunque no pudimos saludar
a la Virgen, que descansaba encerrada en el interior a buena temperatura gracias
al calor de unas pequeñas placas solares en el tejado de la Ermita, hubo parada
para fotos y almuerzo energético, a falta de unos “sabrosones huevos con
chorizo” sugeridos por “El Capi” a un ganadero “paquiano” que no dudó un segundo en rechazar el
reclamo.
Casi ninguno conocíamos el paraje, así que disfrutamos
posando junto a la plaza de toros que bordea el recinto y junto a la encina donde, parece ser, la Virgen se apareció a unos pastores, originando la ermita y la
tradición. Desde luego que el cerro en el que se ubica, te hace disfrutar del esplendor
del Campo Charro por los cuatro costados.
Pero como mencioné al empezar este comentario, la tarde de
paseo parecía truncarse a medida que veíamos como la niebla volvía a
envolvernos. Hubo que abrigarse de nuevo y comenzar el retorno con dirección a
la carretera de Matilla. En el cruce hubo discrepancias de si seguir por
carretera o hacia la Finca del Tejado, pero como siempre, “la ruta es la ruta”.
Lo siguiente fue toparnos con una pequeña acequia donde surgió la duda: atravesar o no. Un
valiente se lanzó y comprobó como su bici se sumergía en el agua, que también
engulló sus pies hasta las pantorrillas. ¡Suerte que no dejé de dar pedales! Terminada la hazaña, al volverme comprobé atónito como mis acompañantes retrocedían
buscando un paso alternativo.
El siguiente incidente fue el pinchazo de Antonio. Con una
tranquilidad pasmosa señalizó la avería en el camino, sacó de su bolsa unas
calzas de porexpan para acomodar su bici
en postura quirúrgica y procedió al solemne acto del cambio de cámara trasera,
bajo la atenta mirada del cámara Fernando, que no perdió detalle de la
intervención.
La siguiente y última parada se produjo en la ermita de San
Silvestre, junto al castillo de los descendientes de la Duquesa. Tras las
últimas instantáneas el regreso fue fulgurante, con el viento a favor hasta
coger la N620 junto a La Rad, de allí a la Feria de Ganados y cada uno para su
casa.
¡En fin! Saquen ustedes sus propias conclusiones.
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